Menos votantes y más ciudadanos

La gente tiene más ganas de participar que de votar. O dicho de otra forma: gran parte de la ciudadanía ya no cree que el voto sea la quintaesencia de la participación política. Un estudio, The Populist Signal, realizado por el think-tank Policy Network, un grupo de reflexión de centro izquierda, revela que el apetito por participar en la política no ha disminuido, sino todo lo contrario.

El estudio se centra en el Reino Unido y tiene referencias a otras naciones europeas, pero ofrece detalles que podrían valer para cualquier sociedad democrática actual. Basado en una encuesta de Ipsos MORI el informe encontró que apenas un  21% de la población siente que es escuchada por los políticos y que un 31%  cree que su voz es tenida en cuenta por los políticos de su ciudad.

Al mismo tiempo, aproximadamente la mitad de la población afirma que desearía participar en asambleas y reuniones ciudadanas para ofrecer sus propuestas para un mejor gobierno.

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Política copiada

A pesar de los altos costes que tiene la propaganda política no siempre hay garantía de que su ingenio sea original.

En lo que lleva recorrido este año tan electoral para Argentina nos encontramos con, al menos, 5 campañas que han sido copiadas sin pudor, ni de sus publicistas ni de sus candidatos.

1. El más reciente ha sido el spot del candidato a Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mariano Recalde, del Frente para la victoria que copia el concepto y la manufactura del spot de Darius Foster un candidato conservador en el Estado de Alabama. “Quiero que me conozcas”  es el sport en el que Mariano Recalde del Frente para la Victoria y calcado de “In a box” – Darius Foster, Partido Repúblicano (USA).
2. Martín Lousteau, candidato por Energía Ciudadana Organizada, lanzó un spot llamado Biciudad bastante parecido a al spot “Bicicleta” del presidente ecuatoriano Rafael Correa .

3. El senador Juan Carlos Romero, candidato a gobernador de Salta, plagió un spot de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet (miralo acá). En un video que dura menos de un minuto (este), Romero imitó absolutamente todos los gestos y la escenografía del spot de Bachelet, que fue nominado como mejor spot electoral por “Reed Latino 2014”, conocido como el “Oscar de la consultoría política”.

4. La semana pasada,  el intendente de Córdoba, Ramón Mestre acusó a a Gerónimo Vargas Aignasse de copiar tal cual un spot de 2011.

5. Otro caso de plago: Mestre, candidato a intendente de Córdoba, denunció que su spot fue copiado por Gerónimo Vargas Aignasse, candidato del massismo para la elección de intendente de San Miguel de Tucumán.

GANAR CON GANAS: 9 CLAVES DE LA CAMPAÑA DE MANUELA CARMENA EN MADRID

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Manuela Carmena,próxima intendenta de Madrid, logró abrazar un amplísimo grupo de electores que se movilizó como pocas veces para hacer una campaña viva, orgánica, llena de “unidades autónomas” quye aumentaban la proyección.

Algunas claves tienen que ver con un diseño sensible e inteligente de la campaña. Otras claves pertenecen en realidad al humor social de la ciudad, con ganas de cambiar

1. Esto no es un partido sino la suma de espacios diversos. El formato “confluencia” pasará a la historia como una de las primeras formas postpartido. Se juntan movimientos, redes, restos de partidos, asociaciones. Un frente. Heterogéneo y variado.

2. Mucho trabajo para hacer un programa participativo. El programa de Ahora Madrid ha sido cocinado en red de forma colaborativa. Reuniones, encuentros, debates, redes sociales que sirven para canalizar propuestas.

3. Autofinanciación. Ahora Madrid renunció a financiarse con préstamos bancarios. Pusieron en marcha una campaña de microcréditos y donaciones de particulares que funcionó con el hashtag #FinanciaMadrid

4. Del boca a boca al peer-to-peer. Con poco dinero sólo queda un recurso: do it your self. Y para eso se necesitan ganas, muchas ganas. Estimular a los equipos es estratégico, imprescindible.

5. Autorganización. La autorganización de diferentes colectivos, redes, movimientos ciudadanos o flujos espontáneos ha sido la tónica en la recta final de la campaña.

6. Candidata apropiable. “Atrévete a ser Manuela”. “Be Manuela”, “be a hero”, “#SomosManuela”. Las redes y las diferentes capas de las campañas han transformado a la candidata Manuela Carmena en algo apropiable por la población. Es una especie de identificación: Yo soy la candidata y la candidata soy yo

El vídeo Alcaldes Vosotros, en la que ciudadanos se ponían máscaras de Manuela Carmena, también apuntaba a la identidad colectiva. 

7. Transmedia. Desde Twitter se incentivaba participar en rincones de Facebook; de Facebook se buscaba transversalidad a todas las plataformas; desde WhatsApp o Instagram se han viralizado contenidos en grupos, desde YouTube se ha saltado a la televisión. Lo importante es la presencia multicanal.

8. Territorios. Pensar que una viralización en las redes digitales es suficiente para ganar una campaña es un espejismo.

9. Ruptura simbólica. La irrupción de la creatividad en la campaña ciudadana en apoyo a Ahora Madrid ha activado algo clave en cualquier campaña: la emocionalidad.

Cuando la bicicleta es comunicación política

El Equipo Nacional de Ciclismo de Mujeres en Afganistán tiene 10 integrantes. Casi todas entre los 17 y los 22 años y ninguna ha participado en una competición importante. Están decididas a participar en los Juegos Olímpicos de 2020. Cada día se levantan temprano, se visten para competir y salen a recorrer kilómetros y kilómetros por los alrededores de Kabul.

Hasta ahí, el sueño de unas chicas.

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Pero en la calle no encuentran aliento. A su paso por calles y senderos, haciendo una curva o subiendo una cuesta, vuelan insultos, risotadas y piedras. La bici no es cosa de mujeres en Afganistán. Los hombre se burlan de ellas y reciben violentas amenazas. Pero siguen pedaleando. Una vez y otra vez. Decididas.

Y ahí empieza la parte en la que montarse en bicicleta es un acto de subversión, provocativo y atrevido, directo al cerebro y el corazón del violento. Un gesto de rebeldía ante un mandamiento irrisorio:

No pedalearás una bicicleta. No disfrutarás. No serás libre. No pensarás.

Mirá la película La Bicicleta Verde. Pura comunicación política con un mensaje potente: con mi bici puedo cambiar mi mundo.

Sí, es sobre la libertad de la mujer en el Islam.

Sí, es sobre lo opresiva que puede llegar a ser la religión.

Pero sobre todo es sobre lo pequeño luchando contra lo grande. Lo pequeño comunicando con el gesto potente y disparando al gran discurso, a la mirada que impera. David contra Goliat, como siempre. Es la rebeldía más pura. Y no la necesita sólo el mundo musulmán. 

 

 

Alfajores y plomo: incomunicaciones en las tragedias urbanas

La policía perseguía a unos delincuentes por la calle.

Es uno de esos barrios complicados del conurbano de Buenos Aires. Un lugar llamado Gervasio Pavón.

Los vecinos están tan hartos de la inseguridad que incurren ellos mismos en conatos de delito, como cuando hace una semana, según dicen, intentaron linchar al jefe comunal por el avance del delito en el distrito.

La persecución derivó en tiroteo. Alguien comenzó a disparar y todos siguieron disparando. Para eso están las armas y hay unos 4 millones sueltos por ahí en Argentina, sin contar las armas legales.

Podría haber sido una de tantas persecuciones en uno de tantos lugares donde la vida es muy peligrosa, si no fuera porque sucedió delante de una escuela y una de las balas, a la que llamaron “perdida”,  no paró su trayectoria de 300 metros por segundo hasta meterse en el medio del corazón de Sabrina. Sabrina hasta ayer tenía la misma edad del siglo, 15 años. 

Los tiroteos frente a las escuelas no son infrecuentes en Argentina. Hace dos años hubo uno enfrentamiento frente a una conocida escuela porteña en el barrio de Belgrano. Hace unos meses, un tiroteo en una Escuela de Santa Fé reveló que las balaceras delante de escuelas eran más frecuentes de lo imaginado. Apenas hace una semana, una escuela de Río Negro tuvo que cerrar por los habituales encuentros a plomo delante de la puerta, mientras los pibes se comen un alfajor en el recreo. 

Podríamos asumir que todo esto forma parte del “clima de inseguridad”, del “avance del narcotráfico” como suele repetirse en los debates mediáticos o que es, sencilla y trágicamente, una “muerte inexplicable“,  como afirmó en las primeras declaraciones el abogado de la escuela.

Pero una chica de 15 años acaba de morir. Y alguien debería comunicar lo que sucedió.

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En cambio solemos encontrar tres inexorables actos de incomunicación.

Y sin comunicación, no hay ni la sensación de certidumbres.

  1. a) Una explicación demasiado precaria. ¿Puede la policía disparar en cualquier situación y en cualquier escenario? En cualquier conflicto se empieza por determinar las normas bajo las que se produce la pelea. Es llamativo que ni el gobierno de la provincia y ni la autoridad policial expliquen bajo que normas actúa la policía. Mientras se reproducen con frecuencia las escenas en las que la policía no interviene ante un delito o no atiende las llamadas de ciudadanos aterrorizados, ¿cómo se explica tanto celo profesional con plomo incluido justo delante de una escuela?
  2. b) Mensajes en clave… de lejanía. Es cierto que hay muchos tiroteos pero no en todos muere una chica de 15 años. Quizás, sólo por generar cierta empatía, el tono de las declaraciones oficiales podría mostrar algo más de sensibilidad que esto:

    “El proyectil de alguna de las armas que participaron en ese intercambio es el que, de alguna manera que se va a determinar con las pericias, traspone el paredón e impacta en el cuerpo de la víctima que se encontraba en el patio de la escuela”.

  3. c) Incapacidad para transmitir certidumbres. Es impactante que los voceros del poder no logren comprender la dinámica de las emociones en una alarma social. El objetivo no es solucionar los problemas inmediatamente, sino mostrar a todos que alguien está a cargo. Cuando los ciudadanos protestan por la inseguridad y dicen “No más robos” saben perfectamente que seguirá habiendo robos. Esperan una respuesta de orientación, no de solución. Comunicar certidumbres es mostrar un plan, es mostrar pericia, es cumplir lo que se promete, por poco que sea.

El corazón baleado de Sabrina, una chica de 15 años, hija de la crisis de 2001, tan recurrida por la política para fabular una reconstrucción inexistente, merecería mejor comunicación por parte del poder.  

¿Con quién conversan los políticos argentinos en twitter?

Quizás la pregunta debería ser si realmente conversan con alguien porque los principales dirigentes políticos en Argentina, y seguramente, en cualquier parte del mundo, hablan más de lo que escuchan. En general. Y también en las redes sociales.

Con 4,7 millones de usuarios y 14 millones diarios de tuits Argentina es uno de los países con más uso de esta red.

Los políticos no podían ser ajenos y no hay candidato a presidente que no tenga una cuenta de twitter con varios miles de seguidores. Pero, ¿a cuánta gente siguen ellos?

O dicho de otra forma, los políticos en twitter, ¿hablan o conversan?

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Cristina Fernández tiene 3.110.000 seguidores en twitter pero ella sigue apenas a 75 personas.

Julio Cobos, con muchos menos seguidores, apenas unos 82.000, no estima de interés seguir más que a 59.

A Lilita Carrió la siguen 70.300 usuarios pero ella sigue a 123.

¿Es que nuestros candidatos no encuentran suficientes usuarios interesantes a los que seguir?

Más bien, el uso de las redes refleja la clásica comunicación política: yo me coloco en un atril e imparto doctrina. De emisor a receptor. Y ya.

La gran mayoría de líderes políticos desconocen ese viejo refrán…”si hablas mucho te quedarás sordo”.

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La proporción entre tus seguidores y las personas a las que sigues es una de las muchas formas de ver la conversación en twitter. Mejor dicho, de ver si realmente hay una conversación. ¿Retuitean los políticos mensajes o asuntos de interés de otros usuarios?, ¿contestan a las preguntas o comentarios de otros usuarios?

No suele pasar.

Es verdad que seguir a miles de personas es un riesgo para un político: puede recibir una cantidad ingente de mensajes directos que quizás no pueda gestionar.

Pero si miramos algunos de los políticos más genuinos en el uso de twitter esa complicación no parece ser importante.

Pensemos en políticos que hicieron de las redes sociales herramientas eficaces para ganar elecciones o llevar adelante su posicionamiento como Barack Obama. Tiene 45.000.000 de seguidores y sigue a 650.000 personas.

Antanas Mockus, ex Alcalde de Bogotá y ex candidato a Presidente y uno de los políticos más eficaces en el manejo de sus redes sociales: tiene 200.000 seguidores y sigue a 10.000.  O el nuevo Secretario General de los socialistas españoles, Pedro Sánchez con 47.000 seguidores y siguiendo él mismo a 5700 usuarios. O el poco conocido pero eficacísimo conversador en twitter José Antonio Rodríguez, Alcalde de Jun, en Granada (España) con 267.000 seguidores y él siguiendo a 144.000.

 

Si uno observa además la secuencia de los primeros 20 tuits de cualquiera de los principales dirigentes argentinos observará que en general no retuitean a otros, salvo Julio Cobos, Mauricio Macri o Pino Solanas.

Comunicar es distinto a hablar.

Implica escuchar activamente, comprender  los mensajes del otro, trasladarle empatía. Las redes permiten eso, al menos técnicamente. Los demás es cuestión de talante.

Estas son algunas muestras del talante de nuestros dirigentes en la red social:

 

  1. Cristina Fernández y Julio Cobos son los líderes que más tuitean (ver gráfico)
  2. Cristina Fernández y Julio Cobos son los líderes que menos siguen a otros usuarios
  3. Daniel Scioli es el único político con muchos seguidores y que sigue a muchos usuarios
  4. Salvo Daniel Scioli y Sergio Massa, ningún político supera el ratio de Barack Obama entre seguidores/seguidos
  5. Los líderes políticos charlan muy poco o casi nada con los usuarios
  6. Sus mensajes llevan “efecto tribuna”: hablar desde las alturas.Emiten, no charlan.

 

Extranjeros y seguridad en Argentina: 3 claves del discurso populista para que la culpa sea de otro

En el Hotel de Inmigrantes de Buenos Aires cuentan que hace medio siglo los buques llegados de Europa amarraban cerca de la entrada. Dicen que solía haber una pasarela cubierta desde el muelle hasta el edificio para evitar que los miles de inmigrantes que descendían se mojaran si llovía. Una delicadeza que hoy no se permite ninguna aduana del mundo.

Una vez habían entrado al Hotel, los inmigrantes más viejos recuerdan una coreografía celestial de bandejas con fiambres, quesos, carnes, abundantes hogazas de pan. En el imaginario colectivo argentino de hace 60 años la palabra “inmigrante” sonaba tan bien como “progreso” o “futuro”.

Pero hoy el Hotel de Inmigrantes es un museo. Quizás no sólo el hotel sea un museo. También ese idealizado amor del argentino por el extranjero parece haber pasado a la historia. Aunque, para ser sinceros, en Argentina siempre hubo cierto recelo por el de afuera, sobre todo si era negro. Al primer presidente argentino, Bernardino Rivadavia, lo llamaban sus opositores Doctor Chocolate por su origen africano. Y en fecha tan reciente como 1996 Carlos Menem afirmaba sin pudor:

“En Argentina no existen los negros; ese problema lo tiene Brasil”.

Los chistes sobre gallegos, judíos e italianos forman un catálogo de humor xenófobo que no resistiría el INADI (organismo que se ocupa de vigilar el respeto a la diversidad étnica en Argentina).

En el manual del perfecto populista no puede faltar el capítulo “La culpa es del otro”.

Cuando un problema no se sabe resolver, lo mejor es encontrar un culpable. Es una máxima que ningún integrante de un gobierno propagandista puede olvidar.

Por eso, cuando arrecian tormentosos problemas sociales (inseguridad, desempleo) aparece en el horizonte una luz de esperanza para cualquier político con pocos escrúpulos: encontrar una cabeza de turco, o de cualquier inmigrante, con la que arengar a los más descontentos.

¿Hay inseguridad? Los colombianos vienen a robar. ¿Hay desempleo? Los bolivianos vienen a trabajar. ¿Hay listas de espera en los hospitales? Los peruanos siempre están enfermos.  

Con darse un paseo por el conurbano, escuchar un par de programas de radio o simplemente observar el patrullero que pasa por la esquina de mi casa uno se da cuenta que esto de la seguridad es un asunto bien complicado en Argentina. Y mal se puede explicar por la presencia de extranjeros.  

En la larga lista de males de la seguridad en Argentina como chalecos antibalas que no funcionan, patrulleros que se quedan sin combustible en plena persecución, comisarías asaltadas o que deben cerrar por la inseguridad, cuerpos policiales corrompidos, participación de agentes en asaltos profesionales y eficaces, complicidad política y policial con el narcotráfico, espionaje interno…la amenaza de rateros chilenos o traficantes de marihuana paraguaya parece parte del problema pero no una gran explicación.  

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 1ª Clave: El populista debe asociar ideas y palabras. No hace falta que argumente

Las declaraciones del secretario de Seguridad argentino, Sergio Berni, sobre los extranjeros que vienen a Argentina a delinquir, coloca el foco en “el extranjero” de modo genérico.

“Ustedes fíjense, estos son cinco delincuentes de nacionalidad chilena. Hoy a la mañana detuvimos a cinco delincuentes de nacionalidad colombiana, siempre con la misma modalidad, robo o hurto”.

2ª Clave: El populista debe llevar el argumento al extremo

“¿En qué momento un delincuente que roba une estéreo o una bicicleta se convierte en asesino?

En estos momentos” dice Berni

“Quiero pedir a la presidenta que trabajemos juntos en esto, que dejemos de lado las mezquindades, frente a una inmigración descontrolada y el avance de la delincuencia y el narcotráfico ”, dijo el jefe de Gobierno de Buenos Aires Mauricio Macri, hace unos años durante un grave conflicto habitacional en la ciudad.

3ª Clave: El populista debe simplificar.

“Durante este fin de semana hemos detenido a más de 60 delincuentes extranjeros que vienen a la Argentina únicamente a delinquir”, dice Berni

“Lo ha dicho desde el sentido común porque si un extranjero viene acá a cometer un delito, evidentemente no viene con la vocación de inmigrante de colaborar y hacer grande la Provincia y la Argentina”, añadió Daniel Scioli, gobernador de Buenos Aires.

La asociación que hace el gobierno nacional por boca de Berni entre inmigración y delincuencia entraría dentro de la lógica contemporánea de las sociedades que reciben inmigración, si no fuera porque el número de inmigrantes es bastante pequeño (ronda el 5%) y el nivel de inseguridad y violencia es desde hace tiempo un asunto vinculado a corrupción policial, fuerzas de seguridad insuficientemente depuradas tras la dictadura y una ramificación creciente del crimen organizado.

Un dato: los extranjeros en las cárceles argentinas.

Si uno indaga entre las estadísticas disponibles, lo más frecuente es que en artículos o blogs se afirme que un 25% de los presos en Argentina es extranjero.

Altísima y desproporcionada tasa respecto al número de extranjeros en el país (alrededor de un 5% de la población total). Rascando en la información, vemos que el dato se refiere a las cárceles federales, en las que hay unos 7.500 reclusos de los que 1.500 son extranjeros.

Sin embargo, el número real y total de presos en las cárceles es otro muy distinto. Sólo en la Provincia de Buenos Aires hay unos 30.000 reclusos de los que unos 900 son extranjeros, menos de un 3%.

Como en tantas ocasiones, los datos sobre inmigración y delincuencia acompañan muy poco los discursos, crecientes, que con objetivos electorales pretenden colocar la inseguridad en el terreno del enemigo externo. Es un juego peligroso que intenta proyectarse sobre diferentes audiencias. 

No es descartable que la inmigración forme parte de la agenda electoral en los próximos meses en Argentina, sobre todo si se instala cada vez con más fuerza la preocupación por la seguridad y el desempleo. 

Es un recurso sencillo para el propagandista político. En el estudio Global Advisor realizado en 2011 por la consutora Ipsos Mora y Araujo se reflejaba que el 61% de los argentinos considera que hay demasiados extranjeros: que generan problemas en el transporte público, la demanda de los servicios de salud y educación y dificultan la búsqueda de trabajo a los nacidos y criados en la Argentina.