Cuando la bicicleta es comunicación política

El Equipo Nacional de Ciclismo de Mujeres en Afganistán tiene 10 integrantes. Casi todas entre los 17 y los 22 años y ninguna ha participado en una competición importante. Están decididas a participar en los Juegos Olímpicos de 2020. Cada día se levantan temprano, se visten para competir y salen a recorrer kilómetros y kilómetros por los alrededores de Kabul.

Hasta ahí, el sueño de unas chicas.

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Pero en la calle no encuentran aliento. A su paso por calles y senderos, haciendo una curva o subiendo una cuesta, vuelan insultos, risotadas y piedras. La bici no es cosa de mujeres en Afganistán. Los hombre se burlan de ellas y reciben violentas amenazas. Pero siguen pedaleando. Una vez y otra vez. Decididas.

Y ahí empieza la parte en la que montarse en bicicleta es un acto de subversión, provocativo y atrevido, directo al cerebro y el corazón del violento. Un gesto de rebeldía ante un mandamiento irrisorio:

No pedalearás una bicicleta. No disfrutarás. No serás libre. No pensarás.

Mirá la película La Bicicleta Verde. Pura comunicación política con un mensaje potente: con mi bici puedo cambiar mi mundo.

Sí, es sobre la libertad de la mujer en el Islam.

Sí, es sobre lo opresiva que puede llegar a ser la religión.

Pero sobre todo es sobre lo pequeño luchando contra lo grande. Lo pequeño comunicando con el gesto potente y disparando al gran discurso, a la mirada que impera. David contra Goliat, como siempre. Es la rebeldía más pura. Y no la necesita sólo el mundo musulmán. 

 

 

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