Extranjeros y seguridad en Argentina: 3 claves del discurso populista para que la culpa sea de otro

En el Hotel de Inmigrantes de Buenos Aires cuentan que hace medio siglo los buques llegados de Europa amarraban cerca de la entrada. Dicen que solía haber una pasarela cubierta desde el muelle hasta el edificio para evitar que los miles de inmigrantes que descendían se mojaran si llovía. Una delicadeza que hoy no se permite ninguna aduana del mundo.

Una vez habían entrado al Hotel, los inmigrantes más viejos recuerdan una coreografía celestial de bandejas con fiambres, quesos, carnes, abundantes hogazas de pan. En el imaginario colectivo argentino de hace 60 años la palabra “inmigrante” sonaba tan bien como “progreso” o “futuro”.

Pero hoy el Hotel de Inmigrantes es un museo. Quizás no sólo el hotel sea un museo. También ese idealizado amor del argentino por el extranjero parece haber pasado a la historia. Aunque, para ser sinceros, en Argentina siempre hubo cierto recelo por el de afuera, sobre todo si era negro. Al primer presidente argentino, Bernardino Rivadavia, lo llamaban sus opositores Doctor Chocolate por su origen africano. Y en fecha tan reciente como 1996 Carlos Menem afirmaba sin pudor:

“En Argentina no existen los negros; ese problema lo tiene Brasil”.

Los chistes sobre gallegos, judíos e italianos forman un catálogo de humor xenófobo que no resistiría el INADI (organismo que se ocupa de vigilar el respeto a la diversidad étnica en Argentina).

En el manual del perfecto populista no puede faltar el capítulo “La culpa es del otro”.

Cuando un problema no se sabe resolver, lo mejor es encontrar un culpable. Es una máxima que ningún integrante de un gobierno propagandista puede olvidar.

Por eso, cuando arrecian tormentosos problemas sociales (inseguridad, desempleo) aparece en el horizonte una luz de esperanza para cualquier político con pocos escrúpulos: encontrar una cabeza de turco, o de cualquier inmigrante, con la que arengar a los más descontentos.

¿Hay inseguridad? Los colombianos vienen a robar. ¿Hay desempleo? Los bolivianos vienen a trabajar. ¿Hay listas de espera en los hospitales? Los peruanos siempre están enfermos.  

Con darse un paseo por el conurbano, escuchar un par de programas de radio o simplemente observar el patrullero que pasa por la esquina de mi casa uno se da cuenta que esto de la seguridad es un asunto bien complicado en Argentina. Y mal se puede explicar por la presencia de extranjeros.  

En la larga lista de males de la seguridad en Argentina como chalecos antibalas que no funcionan, patrulleros que se quedan sin combustible en plena persecución, comisarías asaltadas o que deben cerrar por la inseguridad, cuerpos policiales corrompidos, participación de agentes en asaltos profesionales y eficaces, complicidad política y policial con el narcotráfico, espionaje interno…la amenaza de rateros chilenos o traficantes de marihuana paraguaya parece parte del problema pero no una gran explicación.  

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 1ª Clave: El populista debe asociar ideas y palabras. No hace falta que argumente

Las declaraciones del secretario de Seguridad argentino, Sergio Berni, sobre los extranjeros que vienen a Argentina a delinquir, coloca el foco en “el extranjero” de modo genérico.

“Ustedes fíjense, estos son cinco delincuentes de nacionalidad chilena. Hoy a la mañana detuvimos a cinco delincuentes de nacionalidad colombiana, siempre con la misma modalidad, robo o hurto”.

2ª Clave: El populista debe llevar el argumento al extremo

“¿En qué momento un delincuente que roba une estéreo o una bicicleta se convierte en asesino?

En estos momentos” dice Berni

“Quiero pedir a la presidenta que trabajemos juntos en esto, que dejemos de lado las mezquindades, frente a una inmigración descontrolada y el avance de la delincuencia y el narcotráfico ”, dijo el jefe de Gobierno de Buenos Aires Mauricio Macri, hace unos años durante un grave conflicto habitacional en la ciudad.

3ª Clave: El populista debe simplificar.

“Durante este fin de semana hemos detenido a más de 60 delincuentes extranjeros que vienen a la Argentina únicamente a delinquir”, dice Berni

“Lo ha dicho desde el sentido común porque si un extranjero viene acá a cometer un delito, evidentemente no viene con la vocación de inmigrante de colaborar y hacer grande la Provincia y la Argentina”, añadió Daniel Scioli, gobernador de Buenos Aires.

La asociación que hace el gobierno nacional por boca de Berni entre inmigración y delincuencia entraría dentro de la lógica contemporánea de las sociedades que reciben inmigración, si no fuera porque el número de inmigrantes es bastante pequeño (ronda el 5%) y el nivel de inseguridad y violencia es desde hace tiempo un asunto vinculado a corrupción policial, fuerzas de seguridad insuficientemente depuradas tras la dictadura y una ramificación creciente del crimen organizado.

Un dato: los extranjeros en las cárceles argentinas.

Si uno indaga entre las estadísticas disponibles, lo más frecuente es que en artículos o blogs se afirme que un 25% de los presos en Argentina es extranjero.

Altísima y desproporcionada tasa respecto al número de extranjeros en el país (alrededor de un 5% de la población total). Rascando en la información, vemos que el dato se refiere a las cárceles federales, en las que hay unos 7.500 reclusos de los que 1.500 son extranjeros.

Sin embargo, el número real y total de presos en las cárceles es otro muy distinto. Sólo en la Provincia de Buenos Aires hay unos 30.000 reclusos de los que unos 900 son extranjeros, menos de un 3%.

Como en tantas ocasiones, los datos sobre inmigración y delincuencia acompañan muy poco los discursos, crecientes, que con objetivos electorales pretenden colocar la inseguridad en el terreno del enemigo externo. Es un juego peligroso que intenta proyectarse sobre diferentes audiencias. 

No es descartable que la inmigración forme parte de la agenda electoral en los próximos meses en Argentina, sobre todo si se instala cada vez con más fuerza la preocupación por la seguridad y el desempleo. 

Es un recurso sencillo para el propagandista político. En el estudio Global Advisor realizado en 2011 por la consutora Ipsos Mora y Araujo se reflejaba que el 61% de los argentinos considera que hay demasiados extranjeros: que generan problemas en el transporte público, la demanda de los servicios de salud y educación y dificultan la búsqueda de trabajo a los nacidos y criados en la Argentina.  

 

 

 

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